Fáciles de mantener, seguras para los niños y estéticamente maravillosas, estas piscinas son tendencia en el mercado.

Ante la prohibición de los vuelos que rige desde el comienzo de la cuarentena, los argentinos se han volcado a la compra de piletas en sus hogares para pasar el verano en casa; y ni hablar si esa estadía en casa se convierte en un all-inclusive caribeño. 

Es por eso que, gracias a la tecnología moderna, ahora podemos sentirnos en el Caribe desde la comodidad de nuestro hogar con las piscinas de arena de playa.

La gran mayoría de estas piscinas es construida a base de arena y hormigón, para simular una laguna natural o una playa de mar; además, se incluyen algunas rocas para darle un look lo más natural posible. El beneficio que tienen estas piscinas es que son muy fáciles de mantener, ya que sus materiales no requieren de maquinarias complejas para limpiarlos: con una manguera basta.

Hay profesionales que dedican su tiempo a construir/adaptar estas piscinas naturales, tomando cerca de 30 días en completar todo el proceso. Otra de las ventajas que brinda este tipo de piscinas es su seguridad: la entrada al agua es como si fuese una playa, donde se camina de a poco por una rampa de arena muy suave, sin necesidad de escaleras.

El hecho de que no hayan orillas duras o vértices con punta la segura para niños, personas mayores y quienes tienen problemas de movilidad, además de que la arena no es resbaladiza y mantiene una temperatura fresca para los pies.

Estas piscinas pueden ser adornadas de la forma que el dueño lo desee. Por ejemplo, se puede adaptar una zona especial para niños con profundidad más baja, o añadir un pequeño bar de estilo polinésico en una de las esquinas de la piscina, entre otros.

Y lo mejor de todo: no necesitan cuidados exclusivos durante el invierno, ya que su condición “natural” aguanta todo tipo de climas.

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