El brutal episodio ocurrió el lunes alrededor de las 20 en Magallanes al 2700.

En el barrio Urquiza o Villa Nueva todos los vecinos se conocen desde siempre y la noche del lunes todos murieron un poco. Especialmente los de la cuadra de Magallanes al 2700. Alrededor de las 20 del lunes Tiziana Espósito, de 14 años, fue alcanzada por una bala calibre 9 milímetros mientras lavaba los platos para preparar la cena familiar. Según testigos dos muchachos, uno alto con gorrita y otro de aproximadamente un 1,60 metro, se pararon en la vereda de enfrente de la casa de la familia y descerrajaron unos 15 tiros del mismo calibre.

Su padre Hernán, la cargó en un auto y la llevó hasta el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca), donde llegó prácticamente sin vida.


Contra dos o tres casas

De acuerdo con el testimonio de vecinos, los tiradores eran dos y pasaron caminando para abrir fuego contra “dos o tres casas”.

Uno de esos disparos ingresó por la ventana de la casa familiar e impactó en la cabeza de Tiziana. “Cuando escuchamos los gritos mi marido ingresó a la casa y estaba Wanda, la mamá de la nena, tirada en el piso y tomándole la cabeza. Tiziana tenía un tiro en la frente”, contó una vecina.

Al llegar al Heca los médicos se encontraron con una herida de bala en el centro del cráneo y no pudieron hacer nada para salvarla. De hecho, prácticamente no se evalúo la posibilidad de una intervención quirúrgica.

“Apenas los vi, lo que me fijé es el arma que tenían, era una pistola negra que parecía inmensa. Me subí a mi moto y arranqué. Al verlos pensé que me iban a robar así que aceleré como para escaparme y empecé a escuchar tiros. La verdad pensé que me disparaban a mí y me puse tan mal que me caí de la moto, pero cuando me di vuelta para verlos noté que ninguno me apuntaba, estaban los dos parados y tirando sobre las casas”, relató un joven que había salido de su casa momentos antes del ataque.

El muchacho, pese a percatarse de que el ataque no era para robarle, se tiró en la puerta de un kiosco de la esquina de Magallanes y Virasoro. “El muchacho me abrió la puerta y me dejó pasar. Yo temblaba por los tiros, el ruido era tremendo; como golpes contra una madera, así, fuertes” decía mientras movía las manos como aplaudiendo aún nervioso, pese a que cuando lo contaba había pasado más de una hora del atentado.

El padre de la niña es un policía en actividad que trabajó en la faz operativa de la Policía de Investigaciones (PDI) y luego estuvo un corto tiempo en la nueva Agencia de Investigaciones (AIC). Según trascendió la semana anterior había sido destinado a la localidad de Fighiera. La familia estaba conformada por Tizana, sus padres y otro hermano de nueve años.


“No se puede creer”

“Esto no era así acá, no se puede creer, no se puede vivir más así”, dijo Gabriela, una vecina que vio crecer a la niña y es amiga de la familia, al punto que mientras la policía tomaba las pruebas periciales en las tres casas baleadas, el hermano de Tiziana estaba en su casa jugando con su hijo de 9 años. “El nene todavía no sabe nada de la muerte de la hermanita”, confió.

En la cuadra todo era llanto y bronca, gritos, sollozos. En medio de esas escenas que nunca imaginaron los policías peritaban paredes, veredas y el asfalto. Sobre la vereda de los impares recogieron más de 12 vainas servidas y en el asfalto otras tres


La Capital

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