Fue hace 36 años. En manos del escritor Ernesto Sábato, el expresidente Alfonsín recibía el último informe realizado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas.

La “Comisión Nacional sobre la desaparición de personas” (Luego conocida como CONADEP) se formó el 15 de diciembre del ´83 con el objetivo de investigar las reiteradas y planificadas violaciones a los derechos humanos ocurridas durante el período del terrorismo de Estado en Argentina en las décadas del 70 y el 80.

No fue instituida para juzgar, sino para indagar sobre la suerte corrida por los desaparecidos. Una vez formada, recibió miles de declaraciones y testimonios, y verificó la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención en todo el país.

La comisión fue conformada con personalidades reconocidas y respetadas del país, de distintos ámbitos del conocimiento. Entre ellas: Ernesto Sábato, Magdalena Ruiz Guiñazú, René Favaloro y el Obispo Jaime de Nevares.

La Conadep se había reunido por primera vez el 22 de diciembre del ´83, en el segundo piso del Centro Cultural General San Martín, cuando comenzaron a recibir lo que se convertiría en una avalancha de denuncias.

El resultado de toda esa investigación fue entregado el 20 de septiembre de 1984 al presidente Raúl Alfonsín, luego de un discurso de Ernesto Sábato. El voluminoso informe final, de varias carpetas, registraba la existencia de 8961 desaparecidos y de 380 centros clandestinos de detención.

La detallada descripción permitió probar la existencia de un plan sistemático perpetrado por el Estado, elemento clave para el Juicio a las Juntas de 1985.

Este informe final fue publicado en forma de libro bajo el nombre de Nunca más. Ese título fue elegido a partir de la propuesta de Marshall Meyer porque era el lema utilizado originalmente por los sobrevivientes del Gueto de Varsovia para repudiar las atrocidades nazis.


Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimientos y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.

(…)

Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el período que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado.


Radio Perfil

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