Fue luego de los dichos del canciller sobre la conversación entre Biden y Fernández, en la que no participó y donde se metió en el tema del FMI.

Alberto Fernández le aseguró a Clarín este miércoles que “no” estaba enojado con Felipe Solá por unas declaraciones radiales del canciller, consideradas por el Presidente y su equipo como “totalmente imprudentes”. Y señaló que el episodio “no era tan grave” y que ya estaba cerrado, aunque muestra los desmanejos en política exterior y la falta de coordinación con la Casa Rosada.

El Presidente habló con Clarín luego del enojo dentro de la Casa Rosada, donde señalan que hay motivos suficientes para que el canciller presente su renuncia y que asuman Gustavo Béliz -actual secretario de Asuntos Estratégicos- o Jorge Argüello -embajador en Estados Unidos- después de sus declaraciones sobre la conversación telefónica que mantuvieron Fernández y Joseph Biden el lunes. Aún así, el Presidente lo respalda y considera ya que lo ocurrido “no es tan grave”.

Aún así, Solá sabe que a los problemas que ya suma dentro y fuera de la Cancillería -conflictos en el funcionamiento interno con los diplomáticos- sale muy “cascoteado” por  haber hecho declaraciones a Radio con Vos sobre la conversación entre Biden y Fernández, en la que no sólo no participó, sino que mezcló parte de lo realmente ocurrido en el diálogo entre el Presidente de Argentina y el Presidente electo de los Estados Unidos -que le contaron-  con sus opiniones personales y las del Gobierno sobre el funcionamiento del FMI hacia este país pero que no ocurrieron. Solá ni siquiera había estado presente durante la conversación porque se confundió de lugar y fue a la Quinta de Olivos, cuando en realidad era en la Casa Rosada. 

¿Qué es lo que dijo exactamente Solá el lunes por radio sobre la conversación entre Fernández y Biden? Que el Presidente le pidió “la colaboración y la buena voluntad del director representante de Estados Unidos en el FMI, porque actualmente no estamos teniendo mucha suerte con el actual director, que deberá cambiar después del 20 de enero”. 

Este párrafo bastó para que el ministro de Economía Martín Guzmán, y el representante argentino ante el FMI, Sergio Chodos, montaran un operativo de demolición de Solá -con aval no explícito de Balcarce 50-. Solá se metió a hablar no sólo de algo en lo que no estuvo sino de lo que no sabe -negociaciones con el Fondo-, dijeron en el Gobierno. Y se metió en el terreno Guzmán, a quien en Presidencia ya califican “como un chico muy especial, difícil”. Entonces salieron a desmentirlo y a contar “la pelotudez de Solá”, dijeron.

Altas fuentes del Gobierno señalaban que a Chodos “se le fue la mano”, porque del golpe que le dieron a Solá con la prensa era “muy difícil levantarse“. Agregaron que “no era cierto” que el serio error de Solá estuviera en la agenda del FMI sino más bien un miedo de Economía a que les afecten sus propias negociaciones. 

Primero hablaron con la agencia Bloomberg, donde el vocero del Presidente, Juan Pablo Biondi dijo que el tema de FMI “nunca fue discutido” con Biden en el contexto que mencionaba Solá. Después Presidencia y en el equipo de Guzmán hablaron  con Infobae. Le aseguraron que el operador de Wall Street Mark Rosen -amigo del secretario del Tesoro de los Estados Unidos saliente, Steven Mnuchin–  manifestó su enojo, y sentía como una “traición”. 

Hoy en Presidencia señalaban que esto “no era tan así”, y en Economía estaban molestos porque Solá se excediera en sus declaraciones sobre los temas que no son de su competencia. Lo cierto es que la preocupación en Washington era que desde el equipo de transición de Biden-Harris habían pedido explícitamente que no se hablara de temas puntuales de gestión de gobierno hasta después de que asuma Biden, el 20 de enero. Los dichos de Solá detonaban ese compromiso.

En la “letra” que difundió la Rosada sobre la conversación, el FMI aparece mencionado así. “El presidente puso de relieve su vínculo con el Papa, con quien comparte su amistad. Asi le transmitió el agradecimiento que tiene con el Papa Francisco, quien viene ayudándole desde que asumió Fernández a la presidencia y sobre todo en su apoyo en  las negociaciones con el FMI”. ​El equipo del presidente electo de EE.UU. sacó un comunicado sobre la charla en el que se habla del Papa pero no se menciona al Fondo. 

Aún así, el Presidente, por ahora, no evalúa pedir ni la renuncia, ni en Cancillería tampoco. Pero aclararon que lo que ocurrió fue lo siguiente:

Solá fue a la Quinta de Olivos a la mañana para participar de la conversación entre Alberto F. y Jair Bolsonaro. Pero a la tarde se confundió y en vez de ir a la Casa Rosada -donde iba a tener lugar la charla con Biden-, volvió a Olivos. Evidentemente, el canciller tiene un problema de secretarias, y de ceremonial que no le dicen dónde son sus reuniones. O alguien en Presidencia le genera confusiones. 

Cuando llegó a la Casa Rosada, la conversación con Biden ya estaba terminada. Y si bien el canciller habló con los funcionarios sobre la misma se apresuró a hablar para querer marcar presencia en la reunión. También se había enojado mucho porque el Presidente no lo invitó a su viaje a Uruguay, cuando visitó a Luis Lacalle Pou. Se ofendió y el mismo Alberto le debió aclarar que era un encuentro entre presidentes.

Sin embargo, tanto el canciller uruguayo como el embajador argentino en Montevideo estuvieron en ese asado en Anchorena. Solá se siente solo y eso se nota. La relación con Estados Unidos la llevan Argüello y Béliz y la relación con China, la mantienen Béliz y la embajada argentina en Beijing: Luis María Kreckler y Sabino Vaca Narvaja.  El canciller se lleva mal con el embajador en China y también eso se nota en el manejo interno de una sede diplomática tan sensible. 

Clarín

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