Distintas fuerzas oprimen al sistema argentino. 

Como el casco de un submarino ante la presión ejercida por efecto de la profundidad, el sistema argentino está crujiendo. 

En zona de Vaca Muerta, nuestra última joya en Neuquén, se produce una situación en la que, ante cortes de ruta en señal de protesta de los trabajadores de salud por el atraso salarial, el eterno titular del sindicato de petroleros privados, el moyanista Guillermo Pereyra, avisó que va a sacar a 30.000 trabajadores a destrabar el conflicto en las rutas. El Estado, ausente. 

En el paso fronterizo de Paso de los Libres, el sindicato de camioneros decidió cortar el paso y bloquear el acceso a camioneros brasileños que no se quieren realizar el hisopado correspondiente. El Estado, ausente. 

Pero, para el Gobierno nacional, lo prioritario hoy es dónde se produce el contagio de COVID-19 y parece ser que eso está focalizado en la Ciudad de Buenos Aires. 

El resto del país ha sido espectador del conflicto por tema de clases presenciales en las escuelas porteñas que escaló hasta la Corte Suprema de Justicia. En el mismo momento, en las zonas bonaerenses del AMBA se han armado multitudinarias ferias barriales y diversas aglomeraciones. 

En este contexto, algunas variables empiezan a moverse de manera inquietante. El dólar se movió fuertemente en la semana o el aumento de los combustibles. Ambas variables impactarán en los precios y, como consecuencia, en los más vulnerables. 

Ante el aumento récord del precio de la soja, el Gobierno se amaga nuevamente con subir las retenciones. Voracidad fiscal y sumar tensión con sector del agro. 

Ya teniendo más de 61.500 muertos por COVID-19, con el sistema de salud al límite del colapso, con una estrategia de vacunación pendular y con promesas de vacunas incumplidas, la expectativa y confianza en el Gobierno nacional alcanzó los niveles mínimos. 

Todos los gobiernos deben tener decisión y dar el ejemplo cuando se le pide esfuerzo al pueblo. 

No pasó eso con el velorio de Maradona, ni con las marchas verdes y celestes, ni con la semana del turismo o Semana Santa. 

Hoy, nuevamente pasó lo mismo. Se pide el esfuerzo de la gente pero lo visto ayer en el entierro de Mario Meoni no fue un buen caso de ejemplo, ya que se vieron imágenes de aglomeración y el obvio contacto estrecho en las muestras de dolor y afecto entre sus familiares, amigos y funcionarios nacionales que concurrieron para tal ocasión (presidente, ministros, diputados, etc.).

Sostengo que no necesitamos luminarias como dirigentes, porque las luminarias nos encandilan y hace que nos estrellemos una y otra vez como nos ha pasado a los argentinos a lo largo de los “ismos” que supimos conseguir. 

Solo necesitamos dirigentes con sentido común, que según dicen, es el sentido que menos abunda entre la dirigencia política argentina. 


Por Pedro Rossi | Director de PUNTOS DE VISTA, periodista y conductor de SinRodeos en Radio Criterio (FM 88.1); escritor de los libros “Argentina, un espacio para rehacer” y “Nuestro presente: consecuencia de nuestro pasado y causa de nuestro futuro” | Correo electrónico: pedrorossi@live.com.ar

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