42% de pobreza. 10,5% de indigencia. Indicadores lapidarios que nos indican que hay que resetear el sistema. 

La pobreza es sinónimo de fracaso en la gestión. Hace cuatro décadas que Argentina tiene indicadores de pobreza que son de espanto, lapidarios. 

Por estos tiempos, con 42% de pobres en nuestro país, se hace inviable un futuro próspero. 

¿Cuál sería la razón para que los políticos que generaron estos niveles de pobreza puedan llegar a revertirla? Ninguna chance. 

¿Cuál sería la razón por la cual, haciendo siempre las mismas prácticas, comencemos a bajar rápidamente la pobreza? Ninguna chance. 

¿Cuál sería la razón de ver un futuro viable en un país donde el 57,7% de los niños son pobres y con un piso del 40% de pobreza estructural? Ninguna chance. 

La pregunta entonces es ¿qué hacer para poder revertir este círculo vicioso de decadencia social, política y económica que sufre la Argentina desde hace cuarenta años? 

Creo que estamos entrando en la terminación del cuarto ciclo histórico de la Argentina, habiendo este comenzado en 1983 y que nos faltará determinar la fecha de cierre del mismo. 

Hoy el sistema cruje. Como un casco de barco impactado por varios misiles. 

Argentina está en una situación límite porque su sistema está agotado, debiendo resetear el sistema. 

Continuar con las mismas prácticas que nos llevaron a esta decadencia será tener una conducta suicida. 

Estamos en el punto donde le incrementamos la dosis de medicación equivocada a un paciente terminal. 

En el 2001 la consigna fue el “que se vayan todos” y la casta política, sacando sus capacidades de camaleón y adaptarse a los cambios, se quedó entera. 

Hoy percibo que la única preocupación es el lugar donde caerán en las listas de las próximas elecciones y las cajas de donde financiarán sus campañas electorales. 

La salida está en que la clase política tome como bandera extrapartidaria y con mirada estratégica de largo plazo, el crecimiento del país, la creación del empleo privado, la eliminación de los déficits macroeconómicos y bajar la inflación, para poder en diez años de crecimiento ininterrumpido al 3% anual llegar a porcentajes de pobreza manejables con políticas sociales orientadas a sectores específicos.   

Pero ocurre que, para que suceda lo descripto, necesitamos estadistas que piensen en las próximas generaciones y no la clase política actual de bajísima calidad que lo único que le preocupa es el lugar en las listas de las próximas elecciones. 


por Pedro Rossi | Director de PUNTOS DE VISTA | pedrorossi@live.com.ar

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