Librerías no venden el libro presentado por el expresidente Macri por cuestiones ideológicas: ¿vuelven los comisarios del pensamiento?

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Días pasados comenzó la preventa del libro “Primer tiempo” del expresidente Mauricio Macri. Como ocurre con todas las circunstancias de la vida pero particularmente relacionado con lo literario, en este caso describiendo su gestión, están los acérrimos críticos detractores y los fanáticos ponderadores. 

Creía que había prácticas que ya estaban olvidadas pero me equivoqué. Me sorprendió y preocupó, que en tiempos corrientes, existan librerías (en Pergamino tenemos de este tipo) con actitud reaccionaria al decidir no vender dicho libro por “cuestiones ideológicas”. 

Durante el gobierno de Cristina Fernández se creó la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional. Si nos remontamos a tiempos pasados también tenemos ejemplos inaceptables. Creía que todos estos intentos de disciplinar el pensamiento de cada uno de los ciudadanos eran del pasado. 

Es verdad que todavía al Estado no se le volvió a ocurrir dicha idea. El acceso a portales de información y difusión, y el fluir de las redes sociales hacen cada vez más difícil implementar dichas trasnochadas, sin caer en casos extremos de limitación tal como lo hacen los países con dictaduras. 

Que algunas librerías no quieran exhibir y vender el libro de un determinado autor justificándose en cuestiones ideológicas me parece detestable, demasiado mediocre desde lo intelectual y muy peligroso por tender al comisariado. 

¿Qué pasaría si desde mi posición de comunicador no le hiciera notas a tal o cual por su pensamiento? ¿Qué pasaría si desde mi posición de docente no le diera clases a uno u otro por cuestiones ideológicas? ¿Qué pasaría si un médico no atendiera a pacientes por cuestiones relacionadas con su pensamiento político? O alguien que atiende la caja en un supermercado, o tantísimos otros ejemplos en las múltiples actividades cotidianas. 

Entiendo que las librerías deberían tener como objetivo, además de la rentabilidad del negocio, poner a disposición de los lectores todos los autores y abarcar las múltiples líneas de pensamiento. 

La decisión de leer o no a determinado autor y determinar si es bueno o no, debe ser del lector. 

Si una librería censura algún pensamiento pierde su objetivo basal y se trasforma en un negocio militante perdiendo todo prestigio, credibilidad y clientes. 

El fanatismo y los pensamientos únicos no te llevan a otro lugar que no sea la tragedia. Tragedia ya vivida en este país donde abundaron los censores. 

Espero que este nuevo arranque de intolerancia intelectual no sea la punta de un iceberg de un nuevo retroceso social en nuestro país. 

La época de los pensamientos únicos y los comisariados fue trágica en la Argentina y volver a ello sería retroceder varios casilleros en nuestra historia.


por Pedro Rossi | Director de Puntos de Vista | pedrorossi@live.com.ar

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