Fue el emblema de una generación con la camiseta de la Argentina. Jugó en River, Corinthians, West Ham, Liverpool, Barcelona, Hebei Fortune y Estudiantes. Fueron 850 partidos y 25 títulos.

Se podrán discutir sus últimos días de celeste y blanco, ese adiós forzado entre lágrimas por la impotencia de no haber logrado ganar un título con la Mayor. Ese trofeo que buscó y buscó y jamás llegó. Fue durante el convulsionado Mundial de Rusia, hace apenas dos años. Javier Mascherano ya estaba lejos de su mejor nivel y de esa estatura de prócer futbolero que había alcanzado en el imaginario popular en Brasil 2014, cuando parecía ser el único capaz de reunir el consenso para arreglar todos los problemas y hasta reparar esa grieta eterna que sacude la Argentina.

De ningún modo, claro, será posible negar todo lo que Javier Mascherano representó para la Selección. Si debutó con la camiseta argentina antes de jugar en Primera División. Si se colgó dos medallas doradas en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Beijing 2008. Fue uno de los volantes centrales más destacados con el escudo de la AFA bordado en el pecho, como el Tolo Gallego, el Checho Batista o Fernando Redondo. Protagonista de una carrera top.

Entonces, ese futbolista que anuncia su retiro intempestivamente un domingo de noviembre causa impacto. Por la relevancia de su figura y porque le puso punto final a un viaje extraordinario en el mundo de la pelota. Fueron 850 partidos, 25 títulos y 11 goles en 17 años. Nadie imaginaba que jugaría sus últimos noventa minutos ante Argentinos Juniors. Lucas Chaves, el arquero con el que intercambió la camiseta, jamás soñó que tendría entre sus manos una pieza de museo.

“Quiero anunciar que hoy me retiro del fútbol profesionalmente, quiero agradecer a este club que me dio la oportunidad que de terminar mi carrera en Argentina”, sentenció Mascherano, a los 36 años, en el auditorio de prensa del estadio Uno. Lo acompañaba Leandro Desábato, el técnico de Estudiantes, compungido por la derrota y la salida del último caudillo, justo unos días después de la despedida de otro “5” de élite, Fernando Gago.

“Es algo que venía pensando en este tiempo y hoy lo comunico. Me parece que es lo más correcto hacerlo de esta manera, hay cosas que me pasaron estos meses”, añadió sin que se le quebrara la voz. “Es momento de finalizar este camino y sé que, lamentablemente, jugué menos de lo que pretendía y las cosas se dieron de esta manera”, puntualizó.

La noticia sorprendió a propios y a extraños, cruzó el Atlántico y generó revuelo en la madrugada europea. A fin de cuentas, Mascherano jugó en dos grandes ligas: la Premier League y la española.

Junto a Lionel Messi, su amigo y escudero, se cansó de dar vueltas olímpicas con Barcelona. Fueron 19 títulos: 5 ligas, 5 Copas del Rey, 3 Supercopas de España, 2 Champions, 2 Supercopas de Europa y 2 Mundiales de Clubes; 25 en total, si se cuentan el Torneo Apertura que ganó con River, el Brasileirao que conquistó con Corinthians, los 2 Juegos Olímpicos de 2004 y 2008, el Sudamericano Sub 20 en Montevideo 2003 y el Preolímpico de Viña del Mar 2004, todos con la Selección juvenil.

A la ciudad de Gaudí llegó después del Mundial de Sudáfrica a cambio de 21 millones de euros. Atrás habían quedado Liverpool y West Ham. Y pensar que Pep Guardiola lo recibió con una frase de la que suele reírse en la intimidad. “Vos sabés que venís acá a no jugar, ¿no?”.

Y el debut en Barcelona pareció darle la razón al prestigioso entrenador. El 11 de septiembre se calzó la camiseta blaugrana y fue reemplazado en el entretiempo. Hércules ganó 2 a 0. Después, llegaría su afianzamiento como zaguero central, la posición que terminó ocupando en Estudiantes.

Dejó Barcelona, jugó en el Hebei Fortune de China y Juan Sebastián Verón lo llamó para jugar en Estudiantes. “Vuelvo a vivir en mi país, que hace 14 años que no lo hago. Vuelvo a reunirme con mi familia, porque hace tiempo que no estoy con ellos y los extraño muchísimo. Y vuelvo al fútbol donde mi inicié, con todo lo que me genera esa situación”, dijo hace un año, cuando decidió regresar a la Argentina. El técnico era Gabriel Milito, ex compañero en el Barça.

Jugó cuatro Mundiales con la Selección Argentina. Diego Maradona, en tiempos de Messi, dijo que su equipo era Mascherano más 10 y lo ungió como capitán hasta que le cedió la cinta a Leo cuando Alejandro Sabella se hizo cargo del timón celeste y blanco. Pero siempre fue un referente sin brazalete. Por eso le decían el Jefe. Y su mejor momento, en 2014, cuando Mascherano era mucho más que un mediocampista táctico, de pierna fuerte, rápido y de pases claros.

En Brasil fue el dueño de un hashtag: #Maschefacts. Y aunque Chiquito Romero tapó los penales ante Holanda, fue este santafesino nacido en San Lorenzo el que se convirtió en héroe por ese inolvidable cruce ante Arjen Robben. El dolor de la final perdida con Alemania no cicatrizó.

Jorge Sampaoli no lo pudo bajar del avión con destino a Rusia y terminó ganándose el puesto. Y acabó siendo el jugador récord, con 147 partidos disputados. Fueron 59 en el global contabilizando su participación en los juveniles.

Se despide el emblema de una generación de futbolistas que dejó su huella en la Selección, por más que no haya podido alzar ninguna Copa. Y fue brutalmente honesto al cerrar su página como futbolista: “Hace tiempo que me cuesta y no quería faltarle el respeto a mis compañeros y a Estudiantes”.

Quedó claro ante Argentinos, pero no importa. Su último partido no empañará ese pasado cargado de jerarquía. Mucho menos, el futuro que se avizora en la AFA. Claudio Tapia ya le tiene reservado un lugar preferencial. ¿Como director deportivo o coordinador de juveniles? El tiempo dirá. Méritos sobran.

Clarín

Leave A Reply