El lunes robaron equipamiento y productos por un gran valor en un local de San Nicolás y Dorrego que produjo un profundo impacto en la economía comercial para reponer lo sustraído y volver a la actividad.

El grupo familiar que lleva adelante una explotación comercial en la zona céntrica de la ciudad ha sufrido un gran golpe a su actividad al sufrir un robo el lunes a la madrugada.

Ladrones vulneraron la cerradura y permanecieron en el local hasta apoderarse de la totalidad de los atados de cigarrillos del escaparate; dos computadoras; un dispositivo fax y otras pertenencias.

Tal como lo reconstruyó Andrea Carunchio, a ella la llamaron minutos antes de las ocho de la mañana del lunes para avisarle que habían ingresado a robar en el comercio del rubro quiosco de San Nicolás y Dorrego.

Han estado dentro del local bastante tiempo porque la cigarrera que tenemos es bastante grande y la vaciaron completamente sin quedar ningún atado en la totalidad de los compartimentos donde estaban almacenados. Sutrajeron golosinas; arrancaron todos los cables de las computadoras y se llevaron las notebooks con las que hacíamos las cargas virtuales y la otra con la cual habilitábamos las cabinas de teléfono a los clientes”.

La comerciante transmitió toda la desazón y el malestar que le provocó el accionar de los ladrones porque además de los productos que sustrajeron “se llevaron mis ganas de seguir trabajando” como reflexionó Carunchio.

Para los integrantes de la empresa familiar es una incógnita si las autoridades pueden esclarecer el robo sufrido por ellos y el ocurrido en una forrajería de la misma cuadra y la sustracción de equipamiento en una obra del mismo sector.

De un tiempo a esta parte distintas circunstancias han producido una transformación en ese sector de la zona céntrica que ha inclinado desfavorablemente la actividad comercial al punto que las mejoras de infraestructura urbana no han logrado revertir.”Antes teníamos la Comisaría y había tránsito por San Nicolás; donde confluían los vehículos que venían por Dorrego desde el Este y desde el Oeste y eso le daba mayor movimiento a la zona”; rememoró la comerciante.

La mujer recordó, además, que antes “estaba lleno de locales ocupados y ahora se ve un gran porcentaje de locales desocupados desde que se estaba construyendo la última cuadra de la Peatonal. Fueron cerrando comercios y nunca más se abrieron”.

Este tipo de episodios no sólo golpea por el robo en si mismo; sino todo el impacto que genera la onda expansiva de volver a ponerse en marcha: “con la inversión que tenemos que volver a hacer en equipamiento; reparaciones y reponer el stock de mercadería. Además de gestionar el seguro y lo que puedan reconocer del siniestro”.

El quiosco de los Carunchio es un emprendimiento familiar “que empezamos en 2001 y en el último tiempo hemos tenido que ir reduciendo la cantidad de personas trabajando; las horas de atención y una series de cambios que nos han llevado a achicarnos. Llevamos adelante el local con mucho esfuerzo y este robo ha significado un gran simbronazo del que creo que nos va a costar mucho reponernos. Lo único que me anima es la fuerza y el empuje que le están poniendo los integrantes más jóvenes de la familia que están involucrados en el local”, concluyó Andrea Carunchio.

Semanario El Tiempo

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