Estamos transitando por la pandemia como quien traspasa una tormenta “sin instrumentos”.

Motivo por el cual, no sabemos si es el comienzo, la mitad o su final de la misma.

El gobierno nacional no realiza los test lógicos y necesarios para saber la verdadera cantidad de infectados, por falta de reactivos y por una tardía descentralización de los centros autorizados.

Estamos en el día 10 de la cuarentena dispuesta por el gobierno nacional y el parate en términos de actividad económica ha sido brutal tal como se presagiaba.

La mayoría de los sectores del tejido productivo ha tenido que cerrar o disminuir su actividad casi a cero.

Solo las actividades consideradas prioritarias han seguido funcionando tal como las alimenticias, servicios esenciales, salud, etc.

La mayoría ha tenido que suspender su actividad. Algunos con ingresos asegurados por ser trabajadores formales. Otros no tienen la misma suerte.

Si una unidad económica (micro, pequeña, mediana y gran empresa) cierra sus puertas, el ingreso por ventas será igual a CERO pesos. Mismo razonamiento para monotributistas, autónomos, profesionales independientes, prestadores de servicios de todo tipo.

Los compromisos inmediatos (sueldos, alquiler, proveedores, créditos, impuestos, servicios, etc.) deberán ser afrontados con alguna reserva o en algunos casos, no podrán ser cubiertos. ¿Cuánto podrán aguantar sin quebrar?

El Estado nacional ha salido a apagar el incendio económico con un balde. Estando en cuasi default y sin crédito, socorrió a los sectores más vulnerables tal como AUH, jubilaciones mínimas, monotributistas categoría A y B, trabajadores informales, entre otros.

En caso de mora en sus servicios (luz, gas, cable, celulares, etc.) no podrán ser cortados y las empresas deben seguir prestándoles el servicio.

Para los sectores medios de la pirámide referidos anteriormente, que son los que aportan y financian al resto de los sectores a través del pago de impuestos, nada de nada. El Estado sigue cobrando los impuestos sin miramientos. Su voracidad no tiene límite.

Estos sectores ya habían sido llamados a la solidaridad en Diciembre cuando asumió el gobierno.

Por encima del tejido económico está la casta política y la casta judicial.

Parecen que están viendo otra película o viviendo una realidad paralela.

La casta judicial ni siquiera amaga a eliminar su privilegio respeto al impuesto a las ganancias como el resto de los mortales. Es decir, comenzar a pagarlo.

La casta política, sin vergüenza alguna, rápidamente suspende las sesiones. Cámaras y concejos deliberantes sin funcionar pero sin dejar de cobrar las dietas. A ellos no hay cuarentena que les venga mal. Diría que es la excusa perfecta para hacer lo que hacen siempre, es decir, nada de nada. Legisladores nacionales y provinciales, regalados son caros. Concejales casi con becas en función de lo que hacen.

Los ejecutivos nacionales, provinciales y municipales con sus ministros o secretarios, aprovechan el cisne negro para justificar la debacle e improvisación de sistema sanitario.

Esta es la oportunidad de la casta política para reducir sus sueldos.

Mientras las micro, pequeñas y medianas empresas se desangran en la agonía con CERO ingresos y todo por pagar, las castas se mantienen inmutable.

Tal como lo vengo enunciando, el Estado se tendrá que replantear muchas de sus innecesarias acciones y priorizar los pocos recursos que nos queden.

En la reconstrucción de lo que quede deberá dar señales a los ciudadanos. Espero que lo haga empezando por eliminar toda la dilapidación de recursos públicos que hace a través del sistema político, comenzando YA con la reducción del 50% de sus sueldos.


por Pedro Rossi | Director de Puntos de Vista | pedrorossi@live.com.ar

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