Nación, provincia y municipio aumentan sus cargas impositivas sin piedad. Los vecinos tienen una mansedumbre y paciencia única. 

Los argentinos hemos empezado el año con algo que pasa todos los años: un impuestazo. Cuando transitamos enero se hacen efectivos los aumentos previstos en los respectivos presupuestos de Nación, provincia y municipio. 

Lo del Gobierno nacional es inaudito: en quince días ya validó dos aumentos de los combustibles. El vecino se pregunta: ¿será por aumento del crudo, del dólar, de otra variable? No, nada de eso. Es un aumento correspondiente a un “ajuste diferencial de precios por aumento impositivo”. ¡Aumento impositivo! Increíble. El propio Estado argentino incentiva la inflación. 

La provincia de Buenos Aires no se queda atrás en la voracidad fiscal: la patente automotor aumentó un 52,63 %. 

Pergamino aumentó sus tasas municipales en un 35 % hasta mitad de año con la posibilidad de aumentar un 15 % más. 

El verdadero mal económico de la Argentina es la inflación. 

Para comprobar lo enferma que está la sociedad al asumir la inflación como algo normal, les doy un ejemplo: una propiedad en Pergamino hace diez años pagaba $ 46 de servicios sanitarios. Hoy, dicha propiedad paga $ 1177, es decir que sufrió un aumento del 2458 %. 

El precio del dólar hace 10 años era de $ 4. Hoy, el blue está en $ 160 por cada dólar. No aumentó el valor del dólar sino que el valor de nuestra moneda se ha pulverizado. 

La inflación es el impuesto a los pobres y no para su camino ascendente. Con una economía funcionando muy por debajo de su capacidad en 2020, con los servicios y tarifas congeladas, con precios máximos, cuidados o como se llamen, fue del 36 % y con proyección de tendencia creciente. 

La suma de todas las inflaciones de Sudamérica es menor que la inflación argentina. 

La inflación de los sectores más pobres fue del 48 %. 

El 64 % de los chicos argentinos son pobres y con un panorama desolador ya que es alto el riesgo que en 2021 no haya presencialidad escolar. 

El Estado sigue con sus desórdenes macroeconómicos. El costo político, al menos como una señal a la esquilmada y exhausta sociedad, no se achica. Por otro lado, se sigue emitiendo y tomando deuda de manera desenfrenada (la deuda externa en el último año creció en U$S 23 000 millones). 

El punto está en el desorden macroeconómico y fiscal de la argentina y su impacto en la inflación. 

Todos los gobiernos se parecen demasiado. Varía solamente la cobertura mediática que se les da a cada uno según el momento de su gestión. 

Amplios sectores de vecinos se han convertido en mansos pagadores de impuestos y aceptan resignados pagar doble, por un lado al privado para que les brinde servicios en temas de salud, educación, seguridad, servicios sanitarios, etc. y también le paga al Estado (impuestos) para que cumpla con sus funciones básicas recién enumeradas. 


por Pedro Rossi | Director de Puntos de Vista | pedrorossi@live.com.ar

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