Ya se piensa en cambiar una ley sancionada hace apenas cuatro años. Las ambiciones personales de permanencia en los cargos derrumban cualquier oxigenación de la dirigencia política. 

La Ley 14.836 de la Provincia de Buenos Aires fue sancionada el 17 de agosto de 2016. Hace apenas cuatro años. Dicha ley establece la duración en los cargos y apunta a imposibilitar las reelecciones indefinidas. Se dictó argumentando la introducción de nuevas buenas prácticas que redundarían en una oxigenación de la clase dirigente a través de la alternancia en los cargos. 

La ley establece de manera taxativa en el apartado de Disposiciones Transitorias lo siguiente: 

ARTÍCULO 7°: El período de los intendentes, concejales, consejeros escolares, diputados y senadores a la entrada en vigencia de la presente Ley será considerado como primer período. 

Pero en nuestro país, “lo transitorio se convierte en permanente” como es el caso de los impuestos, y “lo que debe ser permanente se convierte en transitorio” siendo esto, por lo general, relacionado con cuestiones políticas que según las conveniencias de ese momento, los individuos la van acomodando a la coyuntura. 

Todo es adaptable, todo es relativo. 

Los resultados de cómo nos va están a la vista de todos los ciudadanos. 

Este tema, la modificación a la imposibilidad de las reelecciones indefinidas, era casi cantado. 

La presión viene por parte de los capitanejos del PJ/Frente de Todos del gran Buenos Aires tales como los Ishii, los Insaurralde, entre otros. Obviamente que como todos los políticos tienen la misma lógica, también se prendieron en esta movida los de Juntos por el Cambio y sin proclamarlo todavía, aprovecharán la jugada y se meterán en la fila. Caso de Javier Martínez de Pergamino pero también los de Colón, Rojas, Arrecifes, Junín, etc. 

Las reelecciones indefinidas son nocivas para las localidades afectadas. 

Cuando eso ocurre, tercer o cuarto período consecutivo, se confunde la función al punto de llegar a manejar la ciudad como “patrón de estancia”, látigo en mano, creyéndose que el Estado municipal es de su propiedad. Encarnan el personaje de Luis XIV, que decía “el Estado soy yo”. 

Javier Martínez no va a blanquear dicha intención hasta dentro de un tiempo. 

El entró a la política enarbolando la bandera de la nueva política. La nueva dirigencia. La oxigenación. Las buenas prácticas. 

Ojalá que me tenga que retractar de esta columna. Significaría que estoy equivocado al expresar esto y que los que entraron para mejorar las prácticas no se han convertido en más de lo mismo, es decir, personajes que rápidamente adoptaron las viejas y malas prácticas de la política.     


por Pedro Rossi | Director de Puntos de Vista | pedorossi@live.com.ar

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