Para justificar fallas de gestión, la fórmula es siempre “culpar a otro o al anterior”. 

Ya pasamos los 1 700 000 contagiados con casi 45 000 fallecidos. Además, estamos a días de ingresar al tristemente célebre grupo de países que superan los mil muertos por millón de habitantes. 

Allá por marzo, cuando el Gobierno nacional se inclinaba por una cuarentena férrea pero muy anticipada, la consigna era “el Estado te cuida”. También primaba la elección de la salud por encima de la economía, como si fueran cosas sin ningún tipo de relación entre ellas. 

Si se parte de hipótesis de trabajo equivocadas, lo altamente probable es que se fracase en la obtención del resultado esperado. 

La falta de visión sistémica de nuestra clase dirigente, en todos los puntos de injerencia del Estado, no tiene límites. Considerar compartimentos estancos, sin vasos comunicantes que interactúan, a la salud con lo económico y lo social es tener poca idea de lo que se está hablando. Es pensar lineal cuando se debe hacerlo de manera dinámica, integral. 

Siempre la culpa es del otro y cada nivel se protege con su nivel superior:

  • Argentina al mundo, 
  • los distritos al país,
  • las intendencias a la provincia, 
  • el Municipio a los vecinos, jóvenes y su clandestinidad (para esto, ver la cuenta de Instagram de @munipergamino).

Parece que, según a quien le convenga, el virus contagia o no. En función de eso, la culpa es de unos u otros. Sí contagian los surfistas, los corredores, los que salen, los de las fiestas clandestinas, los jóvenes. No contagian las concentraciones multitudinarias como el velorio de Diego (organizado por presidencia), las dos marchas de verdes y celestes frente al Congreso, hinchas de River y luego los de Boca, lugares de compra atestados de gente (feria La Salada o la calle Avellaneda en Flores), piquetes de organizaciones sociales, filas a la espera del transporte público, etc. 

Desde el Gobierno nacional amagaron con una medida a todas luces impracticable y sin el menor atisbo de cumplimiento: el “toque de queda” y la restricción horaria nocturna. Para no pagar el costo político, dicho toque de queda se les ha transferido a las provincias y, con efecto cascada, a cada una de las localidades. 

En Pergamino la restricción será de 1:00 a 6:00. El Gobierno local, a contramano políticamente de nación y provincia, se siente acosado ante dicha medida. La victimización le sirve en este caso debido a que el Municipio de Pergamino y su Secretaría de Salud tienen la estrategia comunicacional de no comunicar.

El vecino no sabe cuál es la gravedad de la situación en la que nos encontramos: ¿la cantidad de contagiados activos es mucha o es poca? ¿La cantidad de fallecidos es normal? ¿Estamos bien o mal? Desde el Municipio se hace “silencio stampa”.  

Los vecinos que deben generar sus propios ingresos y no dependen de sueldos fijos o estatales están desesperados por este anunciado retroceso. 

La gravedad de fondo es que los gobiernos nacionales y provinciales ya no tienen autoridad moral para indicar qué hacer en cuanto a las medidas respecto a la pandemia cuando ellos mismos son los que han generado este nuevo pico de casos. 


por Pedro Rossi | Director de Puntos de Vista | pedrorossi@live.com.ar

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