Quiénes eran Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, las víctimas de la explosión de la escuela 49 de Moreno. Dos imprescindibles de la educación pública, capaces de llamar “hijos” a sus alumnos y compartir con ellos un mate cocido en los sábados de jornadas culturales, que se realizaban en esa institución.  

“Eran muy solidarios. Siempre pensaban en los demás, en qué te podían ayudar. Sandra era una mujer que sabía el nombre, apellido y la historia de cada alumno. Rubén hacía treinta años que trabaja en la escuela y ayudaba a una familia por fuera del trabajo”, describe con nostalgia Hernán Pulstinik, un docente que conoció de cerca su labor y su dedicación.

Según cuentan sus compañeros de escuela, Sandra nunca “hacía sentir su jerarquía” de vicedirectora y transmitía “un empuje increíble” y “palabras de aliento”. De hecho, varias propuestas innovadoras que algunos docentes querían implementar con sus alumnos eran recibidas con apertura por parte de la mujer.

El caso de Rubén Rodríguez es similar. Sus allegados más cercanos dicen que recién varios meses después de su muerte, se enteraron de cosas que no sabían sobre él. Como la ayuda solidaria que prodigaba a un vecino con diabetes, a quien le compraba los medicamentos. También el testimonio de un vecino que asegura que Rubén “salvó la vida de su hija”.

Infocielo

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